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Voy a hacer conmigo lo que la primavera hace con los cerezos.
lunes, 9 de septiembre de 2019
Cirugía bariátrica en plena revolución de los cuerpos
Si esta revolución Body Positive hubiese existido en los años '90, donde transcurrió mi adolescencia, mi vida sería definitivamente diferente. En esa época, por lo menos según mi percepción, había una obsesión sobrehumana con la perfección. Jamás una modelo XL hubiese caminado una pasarela. Y sin embargo, ahora modelos como Ashley Graham le siguen cerrando la boca a la industria con su despampanante presencia y arduo trabajo. Durante mi adolescencia, las modelos eran flacas, y punto.
Recuerdo un desfile por el Día de la Primavera en la escuela. A mi me hubiese encantado subir a desfilar ropa, pero habría parecido una marciana al lado de las chicas perfectas cuidadosamente seleccionadas por el cuerpo estudiantil para dicha ocasión. Era una persona fea en una escuela de gente linda. También un año se les ocurrió la genial idea de elegir a la chica más linda de la escuela, por si mi autoestima no estaba lo suficientemente por el subsuelo. Y yo, con mis 80 kilos (que ahora no me parece tanto), no hubiese podido aspirar nunca a semejante título.
En mi infancia y adolescencia, mi sueño fue siempre ser actriz. Soñaba que algún representante de actores o modelos me parara en la calle y me dijera lo hermosa que era y me diera su tarjeta. Mi sueño más preciado era trabajar con Cris Morena (reconozco un poco avergonzada). Obviamente, eso nunca sucedió. No solo porque era gorda, sino porque era irremediablemente tímida, tanto que caminaba mirando hacia el piso.
Obviamente que con los años fui aprendiendo que valgo mucho más que mi imagen. Pero la imagen sí importa. Y a mi se me hace imposible estar en paz con mi cuerpo. No me gusta mi busto grande o mis piernas gordas, ni mis entrepiernas que se chocan mientras camino, haciendo imposible usar un vestido sin terminar lastimada. Tampoco me gusta mi panza que no me deja ver mi pelvis. La papada también es algo que no me importaría disminuir, o hacer desaparecer por completo. Realmente admiro a esa gente que parece no tener rollo con sus rollos.
Hasta mis veinte y pocos, pesé siempre 70 y pico, 80 y pico kilos. Para mi era lo mismo que pesar 200. Después aumenté a 90 y pico. Después bajé 35 kilos. Disfruté de estar flaca, mucho. Volví a subir de peso y seguí siempre en los 90. Pero el año pasado llegué a 100, y ahí tomé conciencia de que con este patrón de subir 10 kilos por década tiene que terminar ya. En proyección, bien podría llegar a los 120 cuando tenga cincuenta.
Tardé varios meses en animarme a buscar ayuda. Hacía un par de años había ido a ver a una especialista en cirugía bariátrica, pero en ese momento mi IMC no daba para que la obra social me cubriera el procedimiento.
Tomé coraje y pedí turno para la charla de primera vez en otra clínica que trata pacientes con obesidad. Falté a los primeros tres turnos y, finalmente, un lunes me animé y asistí. Ya con los kilos que había aumentado podía operarme a través de mi obra social. Que quede claro que no subí a propósito para poder operarme, jamás lo haría.
Y aquí me encuentro, a poco más de un mes de la operación. Obviamente, tengo mil dudas y mil temores. Y me arrepiento cada cinco minutos. Y mi cuerpo, que parece que se enteró de que le van a cortar el estómago, está cada vez más hambriento y me pide más y más carbohidratos y azúcar. O tal vez es mi tendencia al auto boicot. Pero sé que, a fin de cuentas, lo hago por salud y no por estética. Es así de simple: si no me opero, me voy a morir de gorda, no ya, pero eventualmente mi vida se va a apagar producto de alguna de las enfermedades desencadenadas por la obesidad, léase, depresión, falla coronaria, etc. Es por eso que decido hacer tan drástico procedimiento. Sí, me gustaría bajar de peso para que me entre la ropa que me gusta, para verme mejor, y por qué no, para atraer más al sexo opuesto. Pero no lo hago por eso. Quiero poder hacer gimnasia sin cansarme, dejar de pensar en la comida 24/7, pensar claramente, no estar todo el tiempo deprimida, entre otras cosas. Y la operación no es mágica, requiere mucho trabajo y compromiso pre y post operación. Y estoy dispuesta a arremangarme. Quiero que esta enfermedad deje de dominar mi vida de una vez por todas. Esta no es la cura, pero si la sé aprovechar es una herramienta muy útil para lograr mi recuperación.
viernes, 9 de agosto de 2019
Todo que perder
De los 36 años que llevo en este mundo, fui gorda durante más de tres décadas. Además de obesa soy un montón de otras cosas, pero mi sobrepeso es lo que se nota a primera vista. Y muchas veces, la gente no espera a que hable para definirme, les basta sólo con lo superficial.
Adelgazar para vivir una vida más sana es un hobby bastante reciente. Después de ver a la balanza superar las tres cifras, me dejé de joder y tomé las riendas. Antes de ésto, venía cayendo en un vortex de auto flagelación que parecía no tener fondo. Me mandé todas las cagadas juntas durante los último años, y de ninguna manera estoy curada ni puedo afirmar que nunca más me voy a cagar la vida. Pero mi mundo ha sido un lugar mucho más ameno durante los últimos meses.
Me queda un largo y sinuoso camino, pero lo importante es seguir, siempre para adelante. El 22 de octubre de este año voy a hacer una de las cosas más valientes que he hecho en toda mi vida me voy a someter a una cirujía bariátrica. Para esto me estoy preparando desde el mes de abril.
Me costó mucho ponerme en marcha, quizás son mi cuerpo y mi mente en modo pánico queriendo mantenerse en su zona de comfort. Recién hace un par de semanas me anoté en el gimnasio, y no puedo creer no haberlo hecho antes, ya que incluso lo estoy disfrutando, cosa que jamás creí posible. Hago una rutina de cardio y un poco de pesas. Trato de comer sano, a veces lo logro y otras tantas no. Sigo una dieta líquida ordenada por mi nutricionista, que más que líquida es proteica. No hago todo perfecto, pero hago lo mejor que puedo, que para mí es más que suficiente. Ya traté de ser perfecta, y miren cómo terminé.
Decreto que voy a seguir mejorando. Es por eso que quiero compartir mi historia. Primero, para tener una comunidad a quien responder por mis actos, y que me motive a seguir adelante. Después, porque así como me veo profundamente inspirada por las historias de personas que trabajan día a día luchando contra este gigante que es la adicción a la comida, creo que puedo ayudar e inspirar a otros. Lo importante es saber que no estamos solos, y que lo que nos pasa aqueja a millones y millones de personas en todo el mundo que se despiertan a la mañana y encaran la vida un día a la vez. Podemos, y lo vamos a hacer.
¡Éxitos!
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